Convertidos a la vez en best sellers y referentes obligados de la narrativa argentina contemporánea, los libros de cuentos de Fontanarrosa siempre generan mucha expectativa. En este nuevo volumen, su doceavo para Ediciones de la Flor, el reconocido escritor rosarino (y paralelamente, dibujante y humorista) ofrece una veintena de relatos en los cuales perfecciona muchos de los caminos característicos de sus cuentos, y se aparta maduramente de otros.
Una nueva faceta que trabaja, es la de situar a hombres comunes en situaciones extraordinarias. Es así como grises personajes de clase media se ven inmersos en situaciones revolucionarias en la selva ecuatorial (“El discípulo”), o haciendo temblar la firmeza de las decisiones políticas del Pentágono norteamericano (“Retiro de Afganistán, ya”).
En “Cuando se lo cuente a los muchachos”, desmenuza esa manía de los hombres argentinos de vivir pendientes de qué dirán de sus pares. Una variante de aquel "axioma" de Caloi (en boca de su personaje Dolínades) que reza que “todo lo que hacen los hombres en la vida es para levantarse minas”; al que podría agregarse “y para contárselo a los amigos”.
Otra punzada despiadada hacia los hábitos de la clase media empobrecida es “Bahía Desesperación”, que entre vientos patagónicos que hacen desaparecer animales y arenas amenazadoras, es capaz de deprimir a aquellos veraneantes que no gocen de un clima benévolo en este inestable verano 2006. Pero el autor no se encasilla en el costumbrismo de clase media; el mundo del hampa también hace su aparición, en “El Chileno” y “Sopapo y Milanesa”.
La parodia ocupa un lugar menos relevante en este tomo, pero aún pueden encontrarse humorísticas recreaciones de géneros históricos y eruditos; buscando el absurdo de unir lo no-cotidiano con lo cotidiano. El resultado, son cuentos como “El sueño del General Cornejo”. También se parodia a la investigación antropológica, con “Leyendas del Litoral”, o esas raras biografías a las que el autor nos tiene acostumbrados, esta vez con “Sara Susana Báez, poetisa”. Allí aborda el campo literario desde el visiones extravagantes, algo que exaspera más aún con “El especialista, o la verdad sobre El Aleph”, que mediante su protagonista (un investigador japonés) aporta una cuestionable hipótesis sobre la obra de Borges.
El deporte sigue presente, y a los clásicos relatos de fútbol semi profesional atravesados por el lenguaje del periodismo deportivo, se suma el básquet (deporte que practicaba el padre del autor), invadido por insólitos personajes de cuentos de hadas en “Hans, el gigante”.
Finalmente, Fontanarrosa siempre reserva un lugar para sus entrañables conversaciones de café. Esta vez, desmitifica esa idea popular de que los comensales se juntan para arreglar el mundo en una mesa de un bar, haciendo una saludable defensa de las conversaciones triviales y las gastadas.
Desde la nostalgia hasta el ridículo, el autor atraviesa una innumerable cantidad de escenarios, épocas históricas y personajes disímiles. En la mayoría de estas situaciones, aborda una mirada aguda y lúcida sobre el mundo masculino y sus códigos, que a fin de cuentas, nos enseñan lo importante que es ser el “Rey de la Milonga”.
Comentario de Roberto Fontanarrosa y El rey de la milonga.
Marcos, debe notarse que el trabajo es personal. Aquí falta TU análisis, falta trabajo de texto.
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